General, Letras de canciones

A mi padre

_1040812Con unos versos al padre
he venido aquí a cantar
con ellos quiero exaltar
a aquel quien junto a la madre
libra de cruel descalabre
y protege a su familia
con su presencia y vigilia
es el pilar de sus hijos
los motiva con cortijos
y con buen talante afilia

Donde mi madre es caricia
Mi padre es abrazo estrecho
Él acerca hasta su pecho
A sus hijos sin malicia
no tolera la estulticia
pero tampoco el desdén
A todos desea bien
vive la vida sin prisa
los disgustos con su risa
él borra en un santiamén

Gracias a la Providencia
Por mis padres bondadosos
Los recuerdos dolorosos
Se borran con indulgencia
Pues no es parte de mi herencia
Darle cabida al rencor
El juego del amargor
Nunca fue jugado en casa
En unión lo triste pasa
Y persevera el amor

Quien da sincero cariño
recibe mil veces más
la calidez de la paz
lo cubre con suave armiño
con la ternura de un niño
que no ve tribulación
se ensancha mi corazón
cuando en mi padre yo pienso,
digo con amor inmenso
¡échame tu bendición!

Poemas

Epístola a una Desconocida

Hoy me dedicaron este poema. Hermoso verbo el del jamás bien ponderado Andrés Eloy Blanco.

“Usted debe ser bella, Señorita;
tengo el deber de suponerla bella;

al menos en su libro lo asegura

la insegura verdad de los poetas.

Y sí no es bella, tendrá un alma grande

que es la expresión de luz de la belleza;

el rostro de la noche no es hermoso

sino la luz , que nos da en estrellas.

Mis versos en usted son más sinceros

que en todas las mujeres que han pasado a mi vera,

por el misterio, por la lejanía,

por lo que amamos en el mar la perla.

¿Verdad que es seductora esa ignorancia

y esa interrogación?: ¿quién será ella?

¿de qué ignoto color tendrá los ojos?

¿qué olor de campo llevará en las trenzas?

Y en la azorada urgencia de una cita,

cómplice de la noche y de la reja,

pensar, cómo bañados de presagios,

se le agrandan los ojos en la espera;

y soñarla cantando junto al río,

mientras un egipán de la ribera

se pregunta al oír su serenata:

¿será Diana en el baño, desmayada en Ofelia?

y pensarla armoniosa, entumecida

con el agua bendita de un Poema,

abrazada a la estatua del Ensueño

con florido vigor de enredadera;

y hacer, en fin, en torno de su vida

una decoración de las cosas bellas,

donde ella pase derramando flores,

como el resumen de la Primavera.

Esa atracción de lo desconocido

me seduce en usted de tal manera,

que para no matar esta ignorancia,

yo no quisiera nunca conocerla:

porque, al llegar a usted, puede la suerte

poner un desengaño en mi leyenda,

pues yo de las mujeres, señorita,

tengo el sentir de que no son muy buenas….

Prefiero, pues, no conocerla nunca,

pensarla hermosa, suponerla buena,

soñar con que el rescoldo de su pecho

guarda una brasa para los poetas.

Y sobre todo, suponerla alta,

que es mucho más que suponerla bella:

ser bello es ser flor, que dura un día,

ser alto, es ser estrella.”

Andrés Eloy Blanco (Venezuela, 1896-1955)

Letras de canciones

Bodas Negras (Carlos Borges). Oye la historia que contóme un día…

Retraigo a la memoria este escrito y expando en ella, el recuerdo de Mamá.

http://youtu.be/X-w5zWBrjM0

Ala-Deriva

A mis hermanos Ramón, Israel, Teresa, Elio y Javier
Del anecdotario íntimo
Este poema de Carlos Borges (hasta mucho después no supe que era de él), llegó a nuestros oídos en la dulce y afinada voz de mamá, la inefable Elda Rey, quien nunca ocultó su afección por el ecuatoriano Julio Jaramillo , cantante que inmortalizó el poema convertido en canción por el cubano Alberto Villalón .
Mamá tenía un envidiablemente amplio repertorio de lloronas canciones latinoamericanas en el que, obviamente, no faltaban las rancheras, mucho menos los boleros. Nosotros (3 hijos de su cosecha- el cuarto vino unos años después- y otro hijo heredado de Carolina, su hermana) oíamos toda esa ristra de canciones con la indiferencia de quien ya conoce de qué va todo y ha decidido que eso no es con él.
No obstante, el día que a mamá se le ocurrió cantar la mentada Bodas negras

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Letras de canciones, Poemas

A ti te doy

Μira mi ojos que ya reflejan

todo el cariño que a ti te doy.

Mira mis labios que ya pronuncian

palabras ciertas de nuestro amor.

Toma mis manos que te acarician

para que juntos andemos ya

por las riveras de nuestra dicha,

por las laderas de nuestro afán.

 

Fiel, te prometo, marchar contigo

te doy mi vida y mi corazón

Mira mis ojos que ya reflejan

el gran cariño que a ti te doy

ll, 2014

Letras de canciones

Algo breve sobre la herencia musical de mamá

Recuerdo a mamá cocinando el almuerzo tardío o la cena tempranera, con un gorro en la cabeza y escuchando en la radio temas como ese de los hermanos Lebrón que decía así:

¡Ya! Me estoy quedando sordo,

El bochinche me vuelve loco y no me puedo aguantar

La pelea, que por nada siempre empieza

Estoy perdiendo la cabeza y no me puedo aguantar

La pelea y el bochinche, no me hacen falta…

 

De mamá aprendimos a escuchar boleros, rancheras, salsa, salsa, salsa, rock, baladas, música folklórica y pare usted de contar.

 

La pelea y el bochinche

Poemas

Los cuatro acuerdos

Por Miguel Ruiz
“No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento“. (Miguel Ruiz).

La domesticación y el sueño del planeta.

¿Son las cosas como las vemos, como las sentimos, o básicamente interpretamos lo que nos han enseñado a interpretar?

Para la milenaria cultura tolteca (México) la “realidad” que asumimos socialmente no es más que un sueño colectivo, el sueño del planeta. Desde el momento mismo de nacer, interpretamos la realidad mediante acuerdos, y así, acordamos con el mundo adulto lo que es una mesa y lo que es un vestido, pero también lo que “está bien” y lo que “está mal”, e incluso quiénes somos o cuál es nuestro lugar en el mundo (en la familia, en clase, en el trabajo). A este proceso el filósofo mexicano de origen tolteca Miguel Ruiz lo denomina domesticación.

“La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal autodomesticado”.

El juez y la víctima.

En el transcurso de este aprendizaje incorporamos en nuestra propia personalidad al juez y a la víctima.

El juez representa esa tendencia en nuestra mente que nos recuerda continuamente el libro de la ley que gobierna nuestra vida -lo que está bien y lo que está mal-, nos premia y, más frecuentemente, nos castiga. La víctima es esa parte en cada persona que sufre las exigencias de su propio juez interior. Sufrimos, nos arrepentimos, nos culpabilizamos, nos custigamos por la misma causa una y otra vez, cada vez que el recuerdo nos pasa factura.

Y como consecuencia del propio sistema, el miedo se instaura en nuestra vida.

El miedo y las autoexigencias son los peores enemigos de nuestro pensamiento, y por ende, de nuestra vida. Durante el proceso de domesticación nos formamos una imagen mental de la perfección, lo cual no está mal como camino marcado a seguir. “El problema es que como no somos perfectos nos rechazamos a nosotros mismos. Y el grado de rechazo depende de lo efectivas que han sido las personas adultas para romper nuestra integridad”, según M.R.

Si el libro de la ley que gobierna nuestra vida (nuestra moral, nuestra lógica, nuestro “sentido común”) no cumple sus objetivos, que en su base fundamental consistiría en hacernos seres humanos felices y en armonía, es porque evidentemente éste no funciona. Y como no funciona hay que cambiarlo. Y ello lo hacemos revisando nuestros acuerdos (nuestra interpretación incuestionable, nuestro sistema de valores), desenmascarando los que no valen y sustituyéndolos por otros.

La filosofía tolteca nos propone cuatro acuerdos básicos:

1. Sé impecable con la palabra.

Las palabras poseen una gran fuerza creadora, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Las palabras son mágicas: de la nada y sin materia alguna se puede transformar lo que sea. El que la utilicemos como magia blanca o como magia negra depende de cada cual.

Con las palabras podemos salvar a alguien, hacerle sentirse bien, transmitirle nuestro apoyo, nuestro amor, nuestra admiración, nuestra aceptación, pero también podemos matar su autoestima, sus esperanzas, condenarle al fracaso, aniquilarle. Incluso con nuestra propia persona: las palabras que verbalizamos o las que pensamos nos están creando cada día. Las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las crítica, en jueces prepotentes; un lenguaje machista nos mantienen en un mundo androcéntrico, donde el hombre es la medida y el centro de todas las cosas, y las descalificaciones autovictimistas (pobre de mí, todo lo hago mal, qué mala suerte tengo) nos derrotan de antemano.

Si somos conscientes del poder de nuestras palabras, de su enorme valor, las utilizaremos con cuidado, sabiendo que cada una de ellas está creando algo. La propuesta de Miguel Ruiz es, por tanto:

“Utiliza las palabras apropiadamente. Empléalas para compartir el amor. Usa la magia blanca empezando por ti. SÉ IMPECABLE CON LA PALABRA“.

2. No te tomes nada personalmente.

Cada cual vive su propia película en la cual es protagonista. Cada cual afronta su propia odisea viviendo su vida y resolviendo sus conflictos y sus miserias personales. Cada cual quiere sobrevivir el sueño colectivo y ser feliz. Y cada cual lo hace lo mejor que puede dentro de sus circunstancias y sus limitaciones.

Las demás personas sólo somos figurantes en esa película que cada cual hace de su vida, o a lo sumo personajes secundarios. Si alguien me insulta por la calle (o yo lo percibo así) con casi toda seguridad no tiene nada o muy poco que ver conmigo; es simplemente su reacción a algo que está pasando fuera (un mal día con su pareja o en el trabajo, una discusión con su hija), o más probablemente dentro (preocupaciones, ansiedad, frustración, impaciencia, una gastritis o un dolor de cabeza).

La impaciencia o las exigencias de tu pareja, de la vecina del rellano o de la cajera del supermercado, las críticas de tu hijo o en el trabajo, nada de eso es personal. Cada cual está reaccionando a su propia película.

Hay mucha magia negra fuera, lo mismo que la hay dentro de ti misma, o de mí. En cualquiera, en algún momento de su vida, en algún momento del día. Todo el mundo somos “depredadores emocionales” alguna que otra vez.

“Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros… Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te tomas las cosas personalmente serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno”, asegura Miguel Ruiz.

Comprender y asumir este acuerdo nos aporta una enorme libertad. “Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan sobre ti las demás personas. Nunca eres responsable de los actos o palabras de las demás personas, sólo de las tuyas propias. Dirás “te amo” sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen“. Siempre puedes seguir a tu corazón.

Respecto a la opinión ajena, para bien o para mal, mejor no depender de ella. Ésa es otra película. NO TE TOMES LAS COSAS PERSONALMENTE.

3. No hagas suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo. El problema es que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello. Y no siempre es positiva o está guiada por la confianza o el amor, sino más frecuentemente por el miedo y nuestra propia inseguridad.

Deduzco que alguien se ha enfadado conmigo porque no respondió a mi saludo al cruzarnos y mi mente organiza toda una realidad sobre eso. Y se rompen puentes entre la otra persona y yo, difíciles de salvar. Lo mismo con nuestra pareja, con la vecina, con la escuela. Creamos realidades en base a comentarios o elementos sueltos (cuando no en base a chismes malintencionados).

“La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras… e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular”, insiste Miguel Ruiz. En última instancia y si te dejas guiar por la buena voluntad, siempre te queda la confianza… y la aceptación.

Nunca nada que pasa fuera es personal. Pero en cualquier caso, NO SAQUES CONCLUSIONES PRECIPITADAMENTE.

4. Haz siempre lo mejor que puedas.

El cuarto y último acuerdo permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados: haz siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Siendo así, pase lo que pase aceptaremos las consecuencias de buen grado. Hacerlo lo mejor posible no significa que tú y yo tengamos que hacerlo de la misma manera, ni siquiera que mi respuesta en estos momentos sea la misma que en otro que me siento cansada, o no he dormido bien, o me siento llena de amor y confianza y tremendamente generosa. Se podría decir que en cada momento de nuestra vida somos diferentes, en unas circunstancias y con unas limitaciones concretas. A veces podemos responder a lo que interpretamos como una “provocación” con una sonrisa irónica o divertida, con sentido del humor, o con una carcajada retadora, o incluso a gritos. Pero siempre podemos intentar ser impecables con la palabra, no tomárnoslo personalmente y no sacar conclusiones precipitadas… dentro de nuestras limitaciones físicas, anímicas y en general, de cada momento. Si lo intentamos, de la mejor manera que podemos, ya es suficiente.

“Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio.”

Con la práctica será cada vez más fácil hasta que, sorpresa, la identificación es prácticamente completa y los cuatro acuerdos forman parte de nuestra manera de ser. Simplemente somos así.

Sin duda nuestra vida será más sencilla y satisfactoria, para nosotros mismos y para las demás personas que nos rodean.

(Sobre el libro de Miguel Ruiz, “Los cuatro acuerdos”, Editorial Urano)